Ir por lana y salir trasquilado

Las motivaciones que tiene una persona para acudir a personal poco calificado, son en primer lugar el costo, en segundo lugar el desconocimiento, y en tercer lugar, minimizar tratamientos, y con ellos evitar cirugías mayores.

Desde hace más de cien años, médicos y personal no médico se han interesado en la inyección de líquidos de alta viscosidad para mejorar el contorno corporal. En un principio la parafina, y la vaselina, y en la actualidad la silicona líquida y el polimetilmetacrilato se usan para realizar infiltraciones en cara, senos, glúteos y otras áreas.

La aparente simplicidad del proceso, hace que el paciente no se percate de las posibles complicaciones graves a que se expone, a corto o largo plazo. Después de períodos cortos o tan largos como 24 años, estas inyecciones pueden conducir a complicaciones que van desde un simple cambio en la piel hasta la muerte.
    
Caso muy diferente es el uso de algún material de relleno certificado y utilizado en pequeñas cantidades, en surcos faciales por el cirujano plástico o el dermatólogo.  

Otro tanto, sucede con la ya famosa mesoterapia; en nuestro país no existe ningún producto aprobado por el Ministerio de Salud para ser utilizado en mesoterapia; además de que el Colegio de Médicos considera que el procedimiento debe ser realizado por un médico.

La aparente sencillez de la aplicación y la demanda han masificado su uso hasta ser aplicado casi por cualquiera.

Más allá de conseguir los grandes resultados prometidos, circulan muchas sustancias de dudosa procedencia. El Ministerio de Salud cuenta con un registro de decenas de pacientes infectados con Mycobacterias (familia de tuberculosis y lepra) de muy difícil y costoso tratamiento.

Dr. Giovanni Montoya Mora
Cirujano plástico, estético y reconstructivo